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Discurso Histórico de Obama em 1º de Dezembro 2009

December 2, 2009

Discurso de Obama sobre su estrategia en Afganistán

Declaraciones del presidente de Estados Unidos en el Eisenhower Hall Theatre, en la Academia Militar estadounidense en West Point

ELPAIS.com – Internacional – 02-12-2009

Barack Obama, presidente de Estados Unidos: Buenas noches. Al Cuerpo de Cadetes de Estados Unidos, a los hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas y a mis compatriotas, me dirijo a ustedes esta noche para hablar acerca de nuestros esfuerzos en Afganistán, la naturaleza de nuestro compromiso allá, el alcance de nuestros intereses y la estrategia que mi gobierno pondrá en marcha para llevar esta guerra a su fin. Es un honor extraordinario para mí hacerlo aquí, en West Point, donde tantos hombres y mujeres se han preparado para proteger nuestra seguridad y representar lo mejor de nuestro país.

Para hablar sobre esos temas importantes, en primer lugar, es importante recordar por qué Estados Unidos y nuestros aliados se vieron obligados a luchar en Afganistán. No buscamos esta guerra. El 11 de septiembre de 2001, 19 hombres secuestraron cuatro aviones y los utilizaron para asesinar a casi 3.000 personas. Atacaron nuestros centros militares y económicos. Arrebataron la vida de hombres, mujeres y niños inocentes sin importarles su credo, raza o condición. Si no hubiera sido por los actos heroicos de los pasajeros a bordo de uno de esos aviones, pudieron haber atacado uno de los grandes símbolos de nuestra democracia en Washington y asesinado a muchos más.

Como sabemos, esos hombres pertenecían a Al Qaeda, un grupo de extremistas que ha distorsionado y profanado el Islam, una de las grandes religiones del mundo, para justificar la matanza de inocentes. La base de operaciones de Al Qaeda estaba en Afganistán, donde eran protegidos por los Talibán, un movimiento radical, represivo e inmisericorde que tomó el control del país después de que fuera arrasado por años de ocupación soviética y guerra civil, y después de que la atención de Estados Unidos y de nuestros aliados se dirigía hacia otros asuntos.

A pocos días del 11 de septiembre, el Congreso autorizó el uso de la fuerza contra Al Qaeda y aquellos que los protegieran, una autorización que sigue vigente hasta el día de hoy. La votación en el Senado fue de 98 a 0. La votación en la Cámara de Representantes fue de 420 a 1. Por primera vez en la historia, la Organización del Tratado del Atlántico Norte invocó el Artículo 5, el compromiso que estipula que el ataque contra un miembro es un ataque contra todos. Y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respaldó el uso de las medidas necesarias para responder a los ataques del 11 de septiembre. Estados Unidos, nuestros aliados y el mundo actuaron al unísono para destruir la red terrorista de Al Qaeda y proteger nuestra seguridad común.

Bajo la bandera de esta unidad nacional y legitimidad internacional, y sólo después de que el régimen Talibán rehusara entregar a Osama bin Laden, enviamos a nuestras tropas a Afganistán. En cuestión de meses, Al Qaeda estaba desarticulada, y muchos de sus efectivos habían muerto. El régimen Talibán fue depuesto del poder y forzado a retirarse. Un lugar que durante décadas sólo había conocido el temor ahora tenía razón para albergar la esperanza. En una conferencia organizada por la ONU, se estableció un gobierno provisional encabezado bajo el Presidente Hamid Karzai. Y se estableció una Fuerza de Ayuda para Seguridad Internacional (International Security Assistance Force) con el fin de ayudar a llevar una paz duradera a este país devastado por la guerra.

Luego, a principios del 2003, se tomó la decisión de librar una segunda guerra en Irak. El difícil debate sobre Irak es bien conocido y no necesitamos repetirlo aquí. Basta decir que durante los seis años siguientes, la guerra de Irak absorbió la mayor parte de nuestras tropas, nuestros recursos, nuestra diplomacia y la atención de nuestro país, y que la decisión de entrar en Irak causó divisiones considerables entre Estados Unidos y gran parte del mundo.

Hoy, tras un costo exorbitante, estamos llevando a su fin, de manera responsable, la guerra en Irak. Las brigadas de combate retornarán de Irak a fines del verano próximo y todas nuestras tropas estarán de regreso a fines del 2011. El que estemos logrando esto es evidencia del carácter de los hombres y mujeres de uniforme. Gracias a su valor, determinación y perseverancia, les hemos dado a los iraquíes la oportunidad de forjar su futuro y estamos teniendo éxito en dejarle Irak al pueblo iraquí.

Pero, aunque hemos logrado difíciles avances en Irak, la situación en Afganistán se ha deteriorado. Después de escapar a Pakistán cruzando la frontera en el 2001 y 2002, los líderes de Al Qaeda establecieron un refugio allí. Aunque el pueblo afgano eligió un gobierno legítimo, éste se ha visto aquejado por la corrupción, el narcotráfico, el subdesarrollo de la economía e insuficientes Fuerzas de Seguridad.

En los últimos años, los talibanes y Al Qaeda han hecho causa común, pues ambos procuran derrocar al gobierno afgano. Gradualmente, los talibanes han empezado a controlar varias franjas adicionales de territorio en Afganistán, a la vez que realizan ataques terroristas cada vez más destructivos y atrevidos contra el pueblo paquistaní.

Ahora, durante todo este tiempo, los niveles de tropas en Afganistán fueron una fracción de las de Irak. Cuando asumí la presidencia, teníamos poco más de 32.000 estadounidenses prestando servicios en Afganistán, en comparación con 160.000 en Irak en el punto máximo de la guerra. Los comandantes en Afganistán solicitaron repetidas veces apoyo para contrarrestar el resurgimiento de los talibanes, pero esos refuerzos nunca llegaron. Y por eso, poco después de asumir la presidencia, aprobé una solicitud de tropas adicionales que llevaba pendiente hacía mucho. Después de consultar con nuestros aliados, anuncié luego una estrategia que reconocía la intrínseca conexión de nuestros esfuerzos bélicos en Afganistán y los refugios para extremistas en Pakistán. Establecí el objetivo que se definió específicamente como desbaratar, desmantelar y derrotar a Al Qaeda y a sus aliados extremistas, y prometí coordinar mejor nuestros esfuerzos civiles y militares.

Desde entonces, hemos alcanzado logros en varios objetivos importantes. Líderes extremistas de alto rango de Al Qaeda y de los talibanes han sido eliminados, y hemos aumentado la presión sobre Al Qaeda en todo el mundo. En Pakistán, el Ejército de ese país ha entablado la mayor ofensiva en años. En Afganistán, nosotros y nuestros aliados evitamos que los talibanes impidieran las elecciones presidenciales, y ese proceso electoral, aunque empañado por el fraude, produjo un gobierno conforme a las leyes y constitución de Afganistán.

Sin embargo, quedan enormes desafíos. No hemos perdido Afganistán, pero durante años, ha retrocedido. No hay amenaza inminente de que el gobierno sea depuesto, pero los talibanes han ganado impulso. Al Qaeda no ha resurgido en Afganistán con los mismos números que antes del 11 de septiembre, pero conserva sus refugios a lo largo de la frontera. Y nuestras tropas carecen del pleno respaldo que necesitan para capacitar eficazmente y aliarse con las Fuerzas de Seguridad de Afganistán con el fin de proteger mejor a la población. Nuestro nuevo comandante en Afganistán, el general McChrystal, ha informado que las condiciones de seguridad son peores de lo que anticipaba. En resumen: el status quo es insostenible.

Como cadetes, ustedes se ofrecieron voluntariamente para prestar servicios durante estos tiempos de peligro. Algunos de ustedes lucharon en Afganistán. Algunos de ustedes serán desplegados allá. Como su Comandante en Jefe, mi deber para con ustedes es una misión claramente definida y merecedora de sus servicios. Y es por eso, después de que terminaron las elecciones afganas, insistí en un análisis meticuloso de nuestra estrategia. Ahora, permítanme ser claro: nunca hubo ante mí una opción que solicitara envío de tropas antes del 2010, de modo que no ha habido demoras ni se rechazaron recursos necesarios para las operaciones de guerra durante este periodo de análisis. Al contrario, este análisis me permitió hacer las preguntas difíciles y explorar todas las diferentes opciones junto con mi equipo de seguridad nacional, nuestros líderes civiles y militares en Afganistán, y con nuestros principales aliados. Y considerando lo que está en juego, era lo menos que debía hacer por el pueblo estadounidense y por nuestras tropas.

El análisis ya se realizó. Y como Comandante en Jefe, he decidido que es vital para nuestros intereses nacionales el envío de 30.000 soldados estadounidenses adicionales a Afganistán. Después de 18 meses, nuestras tropas empezarán a regresar a casa. Éstos son los recursos que necesitamos para retomar la iniciativa, a la vez que ampliamos la capacidad de Afganistán para poder permitir una transición responsable de nuestras tropas y salir de Afganistán.


Leia a continuação aqui.

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